Tomo 15: Bolívar. Personajes y episodios

Prólogo de José Barrientos. "Para dialogar, / preguntad primero; /después... escuchad." El proverbio de Antonio Machado fue cabalmente cumplido por Vivian Trías. Y es bueno que ello se destaque porque este esfuerzo por recopilar el caudaloso y heterogéneo material que Trías fue sembrando generosamente a lo largo de su vida, podría invalidarse si las generaciones que no tuvieron el privilegio de conocerlo lo reciben a través de una imagen deformada. Digo esto porque tal vez podría suponerse que esa sabiduría que emana de su obra, de tantas y tantas páginas de sustancioso contenido, tantos análisis y propuestas brillantes, se hubiera pergeñado dentro de un cerrado gabinete de trabajo, aislado del aire de la calle. Muy lejos de haber sido así.

    Trías fue hombre de diálogo. De preguntar y de escuchar. De rueda de café, en Las Piedras o en el “Alfredo” de la calle Soriano. En la cantina del liceo, en el boliche de barrio al término de un acto o en el almacén de campaña durante la gira. Esas ruedas, donde sólo la fraternidad pone la chispa, era inevitable que estuviesen regidas por su superior jerarquía intelectual, pero no monopolizadas por él. Preguntaba, pedía aclaración o ampliación de todo dato o propuesta que se tirase sobre la mesa y la devolvía al contertulio interpretada, reelaborada, enriquecida, como el mejor homenaje al punto de vista del otro. No había temas exclusivos ni excluidos en los grupos donde alternaba. Un encuentro con Trías tal vez fuera una propuesta lúdica sobre el tema que se iba a debatir, pero de lo que se podía estar seguro era de que uno iba a llevarse, como mínimo saldo favorable, un enfoque atinado o una frase de sincero aliento. Y siempre —con el regusto de la charla cordial— una lección.
    “Yo daba examen de Historia Americana” —narra un alumno— “y Trías, que años antes había sido mi profesor, integraba el tribunal. Me preguntó si sabía cuál era la familia que representaba los intereses británicos en el Río de la Plata. Tras la pregunta, me echó una cuarta: «es el nombre de un tango». «Rodríguez Peña» contesté seguro. «No le podías errar», rió Trías, que nunca había olvidado mis inclinaciones tangueras”. Aficiones, inquietudes, actividades, pormenores familiares de alumnos y compañeros quedaban registrados en su portentosa memoria. Es la memoria la que en alguna oportunidad, él rescató como una de las más importantes cualidades que un ser humano debe poseer. En ese diálogo que, quienes de una forma u otra fuimos sus alumnos, seguimos sosteniendo con él, me atrevo a responderle con el ejemplo de su propia vida. La más formidable memoria debe apoyarse necesariamente en un auténtico, cálido conocimiento del otro. Conocer, no olvidar: querer. Tampoco esa memoria se torna eficaz si no la rige un método, como el que siempre admiramos en él y que nos hacía preguntarle: “¿cómo hacés para hacer tantas cosas?” “¿cuál es tu secreto para aprovechar el tiempo?” Ese secreto le permitía que las jornadas de mayor trabajo y responsabilidad no le impidieran atender sus más caras aficiones: cine o literatura, por ejemplo. Método, conocimiento, información, rigor analítico, memoria, rodeando a un ejemplar humano singular, todo eso hizo de Trías el prototipo de aquella caracterización del militante que Brecht bautizara como “los imprescindibles”.
    En un principio se pretendía, en este tomo, recoger fundamentalmente los artículos periodísticos y pequeños ensayos de Trías publicados en la prensa nacional. Inspirándose en una recopilación que José Carlos Mariátegui hiciera de sus artículos periodísticos escritos desde Europa, bajo el título de “Escenas contemporáneas”, la Comisión Especial parlamentaria encargada de seleccionar las obras de Trías resolvió reunirlos en el presente tomo con el título de “Personajes y episodios de nuestro tiempo”.
    Pero al no aparecer los originales de su último libro sobre José Artigas —sustraídos por las fuerzas armadas durante la dictadura en uno de los allanamientos que sufriera Vivian Trías—, libro póstumo que se pensaba publicar junto al ensayo sobre Simón Bolívar —también escrito en los años 70 y, hasta hoy, sólo publicado en Buenos Aires (*)—, la referida Comisión se ha visto obligada a encabezar este tomo con dicho ensayo sobre el libertador venezolano. Por esta circunstancia, este tomo comienza con un ensayo sobre Bolívar, libertador latinoamericano del siglo pasado, y culmina con una nota sobre el socialista boliviano Marcelo Quiroga Santa Cruz, tal vez la última que Trías escribiera, tres meses antes de morir.
    Los artículos periodísticos abarcan veintisiete años, cubriendo casi tres décadas. Para ordenarlos, preferimos un orden cronológico, década por década, en la imposibilidad de hacerlo mejor.
    Los artículos de los años 50, publicados en el semanario “El Sol” de Montevideo, dirigido entonces por el Dr. Emilio Frugoni, fundador del socialismo uruguayo, comienzan con un pequeño ensayo sobre Chaplin y culminan con dos notas sobre la revolución boliviana, en su fase involutiva.
    De los años 60 hemos seleccionado trabajos también de “El Sol”, junto a otros dos publicados en “Marcha” y “Época”, también órganos montevideanos. Destacan un par de trabajos, “Diálogo con Fidel Castro”, escrito a su regreso de Cuba, y otro sobre la crisis chino-soviética, fenómeno clave de aquella época, lejano prólogo de crisis mayores que sobrevinieron después.
    Los artículos de los años 70 son sobre temas económicos, escritos para ALA durante la dictadura militar, que mantienen lozana actualidad, y culminan con dos breves notas, una sobre Adrián Troitiño, fundador del sindicato de vendedores de diarios y revistas del Uruguay, y la ya mencionada nota sobre el mártir boliviano Quiroga Santa Cruz, al mes de su asesinato, ambas publicadas en agosto de 1980 en la revista “La Plaza”, de la ciudad de Las Piedras.
    Ante mí esta pila de recortes, de notas publicadas en distintos medios; tal vez se les pueda reputar de irregulares unas, de torrenciales otras. Viejo y consecuente lector de todo cuanto él escribió, tales calificativos no me molestan: estas páginas las siento conceptuosas, sólidas de información, amenas, irónicas a veces. Y provocadoras, en toda la latitud del término. Apenas abrí la carpeta que las contenía convocaron a los más entrañables recuerdos: títulos felices, planteos, formas de decir y de analizar que muchos de nosotros iríamos después a incorporar —delatando quién fue el maestro insuperado— a nuestras propias notas, o en la tribuna otros compañeros.
    En ellas palpita aún el hálito creador del amigo.
    A quien se asome a ellas por primera vez, han de revelar, lúcidamente, a su autor detrás de cada giro, glosa, o interpretación; no necesitarán el andador de un prólogo: acá sólo me he permitido referir algunas vivencias para ubicar a Trías en su magnífica escala humana.
    ¿También fue Trías periodista?, puede preguntarse ese lector primerizo que tal vez conozca otros aspectos de su múltiple obra. Respondo sobre ese punto porque me considero medianamente habilitado para hacerlo, y mi respuesta cabe perfectamente en una sola palabra. Sí; también lo fue. Entendiendo como tal a quien además de la maciza formación que el oficio requiere, es capaz de recoger toda la vibración del mensaje y dejárselo al que se va a situar delante de las letras, fiel, intacto, revelador. De señalarle el envés y el revés de cada hecho, las diferentes caras de una situación, guiándole la lectura a través de un índice invisible.
    La respuesta a aquella posible pregunta me llegó atesorada en estas cuartillas que, torpemente pero con el mayor cariño, estuve ordenando. En ellas vino estampada para siempre, la palabra que define otra clave del magisterio de Trías: sensibilidad.

  

(*) “Simón Bolívar y el nacionalismo del Tercer Mundo”. Luciano Soares Editor, Bs. As. 1987. Prólogos de Alfredo Carballada / Miguel Unamuno y de Carlos Machado.