Tomo 10: Imperialismo en el Uruguay

Prólogo de Guillermo Chifflet. Vivian Trías enseñó mucho y siempre. En sus escritos, en sus clases, en la tribuna, en el diálogo. Pocas veces los alumnos se equivocan en el juicio sobre sus profesores, observaba Anatole France. Y todos los alumnos de Trías, los integrantes de todas las generaciones conmovidas por su trayectoria fulgurante, lo recordamos como el mejor. El más lúcido y capaz. El más brillante de su generación y el más entrañable amigo de todos. Su condición esencial fue, sin que se lo propusiera, la de maestro. Aportar sus conocimientos, buscar caminos de liberación, incitar al análisis de la realidad para transformarla, dialogar hacia el día, fue, en Trías, virtud permanente. Así, su magisterio natural, no buscado, fruto de su inteligencia y su bondad, concretó la acepción más alta de la palabra compañero.

   Ya Eduardo Galeano explicó, en el prólogo a “La Crisis del Imperio”, uno de los tomos de esta serie, que “pocos creyeron, como Trías, en esta tierra libre”, a cuyas raíces llegó, para adivinar nuestro destino.

  Trías desentrañó las claves del terruño, develó las de la Patria Grande, a la que quiso libre y no sometida a las transnacionales, y documentó —luego de hondas jornadas de estudio intenso— la explotación capitalista, la acción imperial y la rebelión de las orillas.

Analizó, como pocos, al imperialismo y sus mecanismos de explotación.

  Al estudiar, con lúcido cuidado, al que ha sido y es el enemigo principal de nuestra América, explicó cómo “el capitalismo no ha conocido ninguna forma de existencia capaz de prescindir de la expansión y la explotación colonial. Siempre ha sido colonialista; genio y figura”. Aunque sus mecanismos —enseñó— varían según las épocas y etapas del sistema.

  En una primera fase el capital fue comercial; luego comercial y financiero. Al capitalismo mercantilista corresponde el tipo de imperio colonial que registra la historia en los siglos XVI, XVII y XVIII. Una de las potencias hegemónicas de ese tiempo, Inglaterra, es —como diría Federico Engels— el terreno clásico de la Revolución Industrial, “que avanzó tanto más potente cuanto más silenciosa” con el desarrollo del maquinismo, creando, paralelamente, el principal producto de esa revolución: el proletariado.

  Gran Bretaña inaugura el imperialismo liberal, nueva forma que, en el último cuarto del siglo XIX alcanza su etapa monopólica, a la que corresponden los estudios de Hilferding y Lenin.

  Trías explica, a lo largo de su obra, particularmente en “Historia del Imperialismo Norteamericano”, que todas las grandes potencias han atravesado esas tres fases, pero no lo han hecho de la misma manera. Estudia, en consecuencia, a nuestro enemigo principal en sus caracteres específicos, desde su alumbramiento.

  Demuestra, además, cómo la historia discurre, en nuestros días, en dos planos distintos: un centro, escenario de los procesos históricos medulares, radicado en los centros imperialistas, que monopolizan la iniciativa, que hacen la historia. Pero destaca, a la vez, cómo esos centros no pueden subsistir sin una extensa periferia; sin dilatadas orillas donde la historia no se hace, sino que se padece. Donde los acontecimientos tienen el carácter de resonancias, de reflejos, de epifenómenos de aquellos procesos vertebrales de los centros de civilización.

  Hizo, pues, la radiografía del imperialismo; de su nacimiento y desarrollo. Y mostró la realidad de nuestros días; lo que llamó la civilización de las dos caras. Una brillante, próspera, rica, gozosa por el disfrute de infinitos privilegios: la cara de las metrópolis imperialistas. Otra que está detrás de esos excesos y derroches; cara que es la contrapartida miserable, sometida y humillada de los pueblos coloniales y semicoloniales en los que se hacinan los dos tercios de la humanidad y sus harapos, sus hambres y dolores, que nutren el fulgor de la civilización industrial de Occidente. Revela, en síntesis, cómo funciona esa estructura del mundo en la que el sufrimiento de los más nutre la dicha de los menos.

  Esa realidad no gana la primera plana de los medios de comunicación. Un accidente de aviación, la caída de un Jumbo, puede con su horror merecer ese destaque. Pero todos los años mueren 40 millones de personas como consecuencia del hambre o de enfermedades curables directamente relacionadas con el hambre; una cifra equivalente a más de trescientos accidentes de Jumbo al día, sin sobrevivientes, durante todos los días de un año. Datos de un crimen que ni siquiera se tiene presente cuando se analizan las realidades del mundo actual.

  Pobreza y riqueza se presentan en la realidad del capitalismo —explica Trías— como términos de una misma función económica; la que determina la prosperidad de las metrópolis (donde, por contraste, las estadísticas muestran la incidencia de enfermedades causadas por exceso de comidas) y la exploración de las colonias, o zonas geográficas del hambre.

  Los mecanismos que gestan esta realidad no suelen ser explicados con frecuencia. En nuestro medio Trías fue el primero que detalló esa suerte de ortopedia maldita, que deforma las economías de Latinoamérica y del llamado Tercer Mundo en beneficio del imperialismo norteamericano. Él analizó los entretelones de una política que gestionan, ante los gobiernos de nuestros países, delegados y veedores de organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, gestores del interés ajeno. Empleados que venden los versos de la receta económica que organiza a las orillas del mundo en interés de los centros imperialistas. Trías revelará, por ejemplo, cómo se nos venden, con empréstitos, los consejos para que abramos nuestras economías a la expoliación, como la mal llamada libertad de comercio y una libre empresa que no es más que la libertad del zorro en el gallinero. Pero en los mercados mundiales regirá el precio de los monopolios, de los compradores únicos y concertados, que aprovechan nuestra división e incomprensión mutua para pagar precios que están por debajo de lo equitativo y razonable. Documenta, además, cómo los propagandistas de la libre empresa, Inglaterra primero, Estados Unidos después, practicaron y practican el proteccionismo e inclusive por momentos un proteccionismo agresivo y violento.

  Pero no sólo explica, paso a paso, el proceso imperial. No sólo muestra la génesis y el desarrollo del mismo desde el plano mundial. Analiza también, esa acción, en nuestra propia tierra.

  En años en los que resultaba fácil y políticamente más cómodo observar los atropellos del imperialismo en el Caribe o en otras latitudes, Trías desentraña y denuncia su accionar en Uruguay. En los trabajos recogidos en este volumen —unos pocos de una vasta y tenaz militancia— están algunas de esas investigaciones de una realidad que jamás había recibido un análisis tan minucioso de la explotación y toda su trama.

  Trías se interna así, denunciándolas, en las raíces de la dependencia. En el saqueo llevado a cabo por los frigoríficos extranjeros, en la acción de las empresas exportadoras de lana filiales de consorcios transnacionales, en la de grupos financieros acopiadores de trigo y cereales, en las contradicciones que minan y frustran el desarrollo de una verdadera industria siderúrgica en el país, en los préstamos, en el Tratado Militar, en la rosca bancaria que traba el desarrollo nacional.

  Por los años 50 se había registrado un avance en la conciencia antiimperialista del pueblo uruguayo. La invasión a Guatemala, los hechos que siguieron a la nacionalización del Canal de Suez, la lucha de Argelia por su independencia, habían sensibilizado la opinión. Trías, que trabajó hondamente sobre esos hechos, planteó, sin embargo, claramente: todos esos hechos, graves, presentan un rasgo común: son ajenos a nuestra realidad intrínseca; han acaecido en otras tierras, aunque el drama guatemalteco incida directamente en nuestra realidad continental. Y plantea ¿es que Uruguay, nación depen­diente, escapa a la explotación económica? Trías despeja, entonces, esa interrogante.

  Sintió la necesidad de llenar ese vacío y desarrolló —en sus trabajos y en su prédica— una obra que despeja aspectos esenciales de nuestra realidad.

  Temas que hoy están en el centro del debate, como estatismo o “libre empresa”, por ejemplo, fueron exhaustivamente analizados por Trías. Todos los trabajos incluidos en este volumen, constituyen aportes importantes para desenmascarar al imperialismo. Una tarea impostergable, aun hoy, cuando hay quienes, hasta en los problemas de la política económica insisten, como diría Arturo Jauretche, “en ir al almacén, con el Manual del Comprador, redactado por el almacenero”.

  Por encima de divisas, el legado de Vivian Trías fortalece la esperanza. La fe en el futuro de las luchas por Uruguay. La lucha por una integración libertadora; de una integración en beneficio de nuestros pueblos y no de los consorcios imperialistas.