Profundo dolor: se nos fue Omar Betarte

 

Comunicamos la tristísima noticia de la muerte, el 7 de noviembre, de nuestro compañero y secretario de esta Fundación,

OMAR BETARTE

Te extrañaremos siempre, Omar.

 

 

 

Sus restos fueron velados el sábado 8 de noviembre y sepultados en el Cementerio del Buceo.

 

 

Palabras de Julio Louis en el interior

Omar Betarte

La Historia registra hechos y también personas por su importancia en definir situaciones, en marcar rumbos. Sin embargo, no hay un medidor de valores que haga destacar a los mejores. Hay sí personas y compañeros más trascendentes que otros, aunque la mayor trascendencia no indica necesariamente la calidad de los seres. Omar Betarte no es conocido como otras figuras de actuación pública notoria. No obstante, por sus valores es un digno representante de una generación que contó con cientos y miles de compañeros, que ante todo, supieron ser compañeros, exteriorizando profunda riqueza ética.

A nuestra generación se la ha denominado sesentista y legataria de una demolición. (Quizás no corresponda la generalización, porque de esa generación también son parte los protagonistas que fomentan o participan directamente de la criminalidad horrenda, la de ser serviles al sistema de explotación). Legatarios de la demolición de un Uruguay ejemplar por sus libertades públicas, valores solidarios, apertura mental en términos comparativos a otras sociedades. Y Omar pertenece a esa generación.

Estudiante comprometido con los sufrimientos de su pueblo, se enroló en la militancia dando lo mejor de sí y sin pedir nada a cambio. Una actitud extendida por esos años y que requiere ser imitada por las generaciones jóvenes. Contra el sistema capitalista, y sin seguridades de paraísos prometidos e inexistentes, ingresa al Partido Socialista cuando este estaba en la clandestinidad y luego pasa a integrar la Fuerza Revolucionaria de los Trabajadores (F.R.T.), el desgajamiento del M.L.N. que comprende que la guerrilla sin un Partido de la clase detrás, no tenía posibilidades de triunfar. Y en tal condición es uno de los miles de encarcelados, torturados, vejados. Tuvo la entereza y quizás la cuota de fortuna, para evitar una larga reclusión, y luego, el coraje de arriesgar su salida del país a Argentina, y luego a Suecia. Y siguió irradiando dignidad, humildad, trabajo y profundidad de pensamiento.

No coincidimos ni en las organizaciones ni nos conocimos hasta regresado él a Uruguay y liberados muchos de nosotros en 1985. Y nos comprendimos, porque aspiramos a lo mismo, en circunstancias distintas en que gozamos y sufrimos. Gozamos si, dicho no en el sentido de placeres materiales –que la militancia no la produce en situaciones críticas– sino en el sentido de búsqueda y de tranquilidad, de saberse parte de un colectivo que rumbea hacia alguna perfección. Y el marxista y socialista Omar tuvo la amplitud de hermanar esfuerzos con quienes a nivel de militancia o aún familiar, optaron por otras concepciones de la sociedad o del mundo.

El pasaje por la vida de Omar no ha sido inútil. Lo recordamos con emoción los que compartimos con él distintos períodos de la vida: la clandestinidad, la cárcel, el exilio, el retorno. Y Omar y los muchos “omares” nos exigen a seguir dando lo mejor de nosotros.

Julio A. Louis